martes 9 de febrero de 2010

Quien controla

"Quien controla el pasado controla el futuro. 
Quien controla el presente controla el pasado". 


 George Orwell, 1984

Ilusión

"Puede usted cortocircuitar las dos o tres neuronas que usa la gente a modo de sentido común, apelando a su avaricia. Nada define mejor al ser humano que su voluntad para hacer cosas irracionales en la persecución de recompensas fenomenalmente improbables. Es el principio en el que se basan las loterías, las citas a ciegas y la religión" 



Scott Adams 
Dibujante norteamericano

lunes 8 de febrero de 2010

Control


"Cada sacerdote me ahorra cien gendarmes."




Napoleón Bonaparte.

El curioso anhelo

El hombre no se resigna a estar, como conciencia, solo en el universo, ni a ser un fenómeno objetivo más. Quere salvar su subjetividad vital o pasional haciendo vivo, personal, animado al universo todo. Y por eso y para eso ha descubierto a dios y la sustancia, dios y sustancia que vuelven siempre en su pensamiento de uno o de otro modo disfrazados.



Es el curioso anhelo de dar finalidad al universo, de hacerlo consciente y personal, lo que nos ha llevado a creer en dios, a querer que haya dios, a crear a dios, en una palabra. ¡A crearlo, sí!

Porque decir que el mundo es como es y no de otro modo porque dios así lo hizo, mientras que no sepamos por qué razón lo hizo así, es no decir nada. Y si sabemos la razón de haberlo así hecho dios, éste sobra, y la razón basta.

Miguel de Unamuno y Jugo (1864-1936)
Escritor y filósofo españól.

Pensamiento

Nada más fácil que creer; dormir ingiriendo el narcótico de la religión. Lo difícil es pensar más allá de la fe ciega, abrir los ojos. Todo el mundo puede creer, pero no todo el mundo puede o quiere ser un librepensador.


domingo 7 de febrero de 2010

Seamos valientes

El mundo intelectual no puede quedarse en una cuestión de sentimentalismo, debe elevar al hombre por encima del hombre, y para ello se necesita un espíritu de guerrero capaz de sobrevivir en el desierto árido de la verdad sin disfraces. En tal arena luchan los más bravos con la pasión derivada de la fuerza del pensamiento, y en tal arena sufren y se sienten odiados los que quieren ver oasis por todos lados y a los que continuamente se les dice que lo que ven no son más que espejismos. No son ganas de fastidiar ni odio a los sedientos de animismos; sencillamente, que no hay agua donde aquellos dicen y la caravana del pensamiento humano no se debe distraer por rutas equivocadas. Enturbiar la vista echando arenas metafísicas a los ojos del caminante tampoco ayuda a hacer mejor el camino.



Al cosmos hemos abierto nuestros ojos. Fascinados o atemorizados por la inmensidad, hemos de atrevernos a encarar la realidad sin disfraces animistas. Hemos también de mostrarnos humildes y comprender que desde nuestra finitud no nos es posible dar respuesta actualmente a preguntas como por qué las constantes físicas del universo valen lo que valen -quizá en el futuro se pueda entender-, por qué el universo se puede entender racionalmente o el por qué mismo de todo lo existente. De nada sirve apelar a leyendas tales como la de un ser resucitado, hijo del creador de este universo, que alguien dijo que vio aparecérsele en tal  lugar a tales personas y otros dicen que lo vieron en otro lugar con otras personas. Dejémonos de cuentos de beatas, agarremos al toro por los cuernos y al universo por la materia.-

Martín López Corredoira en su libro ¿dios o la materia?

viernes 5 de febrero de 2010

Un cuento real


"Cenicienta [la Ciencia] [...] enciende el fuego, barre la casa y cocina la cena, y se la recompensa diciéndole que es una criatura vulgar, dedicada a intereses bajos y materiales. Pero en su desván ella tiene visiones fantásticas que están fuera del alcance de las dos hermanastras [la Teología y la Filosofía] que están peleando en la planta baja. Ella ve el orden que impregna el aparente desorden del mundo; el gran drama de la evolución, con toda su medida de lástima y terror, pero también con abundante bondad y belleza [...]; y ella aprende [...] que la base de la moral es terminar, de una vez y para siempre, con la mentira; dejar de simular que uno cree en cosas de las cuales no hay evidencia alguna." 



Thomas H. Huxley

domingo 24 de enero de 2010

Marionetas

Todos nosotros descendemos de pueblos que respondieron a los peligros de la existencia inventando historias sobre deidades impredecibles o malhumoradas. Durante mucho tiempo el instinto humano de entender quedó frustrado por explicaciones religiosas fáciles, como en la antigua Grecia, en la época de Homero, cuando, había dioses del cielo y de la Tierra, la tormenta, los océanos y el mundo subterráneo, el fuego y el tiempo y el amor y la guerra; cuando cada árbol y cada prado tenía su dríada y su ménade.





Durante miles de años los hombres estuvieron oprimidos como lo están todavía algunos de nosotros por la idea de que el universo es una marioneta cuyos hilos manejan un dios o dioses, no vistos e inescrutables. Luego, hace 2 500 años, hubo en Jonia un glorioso despertar: se produjo en Samos y en las demás colonias griegas cercanas que crecieron entre las islas y ensenadas del activo mar Egeo oriental.  Aparecieron de repente personas que creían que todo estaba hecho de átomos; que los seres humanos y los demás animales procedían de formas más simples; que las enfermedades no eran causadas por demonios o por dioses; que la Tierra no era más que un planeta que giraba alrededor del Sol. Y que las estrellas estaban muy lejos de nosotros. Esta revolución creó el Cosmos del Caos. 
En el siglo sexto antes de nuestra era, en Jonia, se desarrolló un nuevo concepto, una de las grandes ideas de la especie humana. El universo se puede conocer, afirmaban los antiguos jonios, porque presenta un orden interno: hay regularidades en la naturaleza que permiten revelar sus secretos. La naturaleza no es totalmente impredecible; hay reglas a las cuales ha de obedecer necesariamente. Este carácter ordenado y admirable del universo recibió el nombre de Cosmos.

Carl Sagan, Cosmos, El espinazo de la noche.

lunes 18 de enero de 2010

Una historia

Érase una vez dos exploradores que llegaron a un claro de la jungla donde crecían muchas flores. Pasmados ante tal belleza uno dice: “Un jardinero se ocupa de este lugar”. Pero el otro no está de acuerdo: “No hay ningún jardinero”. Montan sus tiendas y a pesar de realizar una vigilancia continua nunca llegan a ver al supuesto jardinero. “Quizá sea invisible”, piensan. Deciden instalar una valla de alambre de espino electrificada y patrullar el perímetro con perros policías, pues uno de ellos recuerda que en la novela El hombre invisible de H. G. Wells se le podía oler y tocar. Ningún grito les induce a sospechar que algún intruso ha recibido una descarga, ni ningún movimiento de la verja apunta a un escalador invisible. Los sabuesos nunca ladran.




 Pero el creyente todavía no está convencido. “Es que hay un jardinero invisible, intangible, insensible a las descargas eléctricas, que no desprende olor… un jardinero que viene secretamente a cuidar el jardín que ama”. Al final el escéptico, desesperado, contesta: “¿Qué queda de tu afirmación original? ¿En qué difiere lo que llamas un jardinero invisible, intangible y eternamente elusivo de un jardinero imaginario o de ningún jardinero?” Esta historia del ex-ateo y filósofo norteamericano Anthony Flew ilustra perfectamente el problema. Según él, las afirmaciones religiosas que no se pueden comprobar objetivamente son afirmaciones sin sentido.

Miguel Angel Sabadell en Muy Interesante.

sábado 16 de enero de 2010

Ciencia=democracia

"La información científica está en la base de la democracia"