sábado, 27 de junio de 2009

Laicismo

Anda viva la cuestión del laicismo, a mi modo de ver en términos no muy claros, porque parece que se quiere ignorar la cuestión fundamental que subyace al debate: creer o no creer en la existencia de un dios que, además de haber creado el universo y por tanto la especie humana, acabará siendo, en el fin de los tiempos, el juez de nuestros asuntos en la tierra, premiando las buenas acciones con la admisión en un paraíso en que los elegidos contemplarán la faz del Señor durante toda la eternidad, mientras, también durante toda la eternidad, los culpados de acciones malas arderán en el inextinguible fuego del infierno. Ese juicio final no será fácil, ni para dios ni para los que tendrán que prestar cuentas, pues no se conoce un único caso de alguien que, en vida, haya cometido exclusivamente buenas acciones o malas acciones. Es propio del hombre la inconstancia en los propósitos y en los actos, siempre contradiciéndose de hora a hora. En medio de todo esto, el laicismo se me presenta más como una posición política determinada, aunque prudente, que como la emanación de una convicción profunda de la no existencia de dios y por tanto de la incapacidad lógica de las instituciones y de los instrumentos con que se pretende imponerle al contrario la consciencia de uno mismo.

Se discute el laicismo porque, en el fondo, se teme discutir el ateísmo. Lo interesante del caso, sin embargo, es que la Iglesia Católica, en su vieja tradición de ofender y sentirse ofendida, anda por ahí quejándose de ser víctima de un supuesto laicismo “agresivo”, nueva categoría que le permite manifestarse contra todos fingiendo atacar apenas la parte. La duplicidad siempre fue inseparable de las tácticas y de las estrategias diplomáticas y doctrinales de la curia romana.

Sería de agradecer que la Iglesia Católica Apostólica Romana dejase de meterse en lo que no es de su incumbencia, es decir, la vida civil y la vida privada de las personas. No debemos, sin embargo, sorprendernos. A la Iglesia Católica le importa poco o nada el destino de las almas, su objetivo siempre ha sido controlar los cuerpos, y el laicismo es la primera puerta por donde comienzan a escapársele esos cuerpos, y de camino los espíritus, ya que unos no van sin los otros sea donde sea. La cuestión del laicismo no pasa, por tanto, de una primera escaramuza. La auténtica confrontación llegará cuando finalmente se enfrenten creencia y no creencia, yendo ésta última a la lucha con su verdadero nombre: ateísmo. Lo demás son juegos de palabras.

José Saramago (1922-), escritor portugués, Premio Nobel de Literatura.

Fuente: http://cuaderno.josesaramago.org

4 comentarios:

Señor de Xibalba dijo...

Si algo es cierto es que en el laicismo subyace la no creencia, tal vez de modo profundo, pero es una reacción a los abusos religiosos.

Saludos.

Mar-o dijo...

El nombre con el cual se presente el ateismo o el laicismo, importara mucho o poco, lo que realmente importa es que las sociedades civiles que estan regidas por el estado, puedan verse representadas sin la intervención de ninguna denominación religiosa o filosofica, que este comprometida en buscar el bien común de todos los sectores que participan civilmente en la sociedad, sin importar su creencia o posición ante la vida, un estado que garantice las libertades individuales de cada ciudadano.

Que los ritos, cultos o misas, se efectuen sin vincular a los que no comporten dichas actividades, sin vinculo con el estado, eso sería laicismo, que luce más como el termino politico que muchos utilizan para referirse al ateismo, para mi son terminos diferentes, aunque el autor se refiera como "juego de palabras".

Saludos.

Sergio dijo...

A la Iglesia le aterroriza este tipo de discursos. En la trastienda de todas estas opciones esta la libertad del individuo que es la que puede reflexionar algo muy serio: si para sobrevivir necesita de Dios y sus promesas de salvación. A fin de cuentas esa ha sido la promesa del Cristianismo durante siglos y que la Iglesia ha servido como fiel mediadora. Pero al final estas reflexiones son íntimas; el laicismo preocupa a la Iglesia porque nos da alas, pero la reflexión final no nos la dará tampoco el estado, es algo que debemos hacer individualmente.

asimov dijo...

Totalmente de acuerdo, Sergio.

Bienvenido al blog.

salu2.